Un hombre en Cáceres abusa sexualmente de su madre, una anciana impedida de 83 años de edad.
Repugnante.
Con sinceridad, me vienen a la cabeza un montón de adjetivos (des)calificativos para definir la actitud de ese indeseable pero, aun más, si he de opinar sobre la sentencia de la Audiencia provincial de Cáceres, que como resulta que el hombre el día que violó a su madre andaba pasado de alcohol, le han rebajado la condena a 5 años de prisión y a una multa de 180€ por delito leve de lesiones.
Absoluto asco.
El violador, era el cuidador principal de la anciana. Y parece ser que, aun estando impedida y ser la madre que lo parió, también debía soportar que su hijo borracho abusase de ella, aunque "sólo" fuese una vez, tal y como dice la noticia.
Espero que ese hombre muera de la pena en la cárcel por haber humillado de ese modo a quién le dió la vida, le cuidó todos estos años y quién le ama, hoy incluso, después de haber sido agredida de ese brutal modo por su propio hijo.
Me alegro, y mucho. Me repugna la fiesta nacional, odio que maten a los animales, los martiricen y hieran hasta dejarlos sin vida ante las atónitas miradas de los que pagan por ver ese asqueroso ritual.
Me alegro, que a partir del 2012 Catalunya no sea una comunidad antigua e irrespetuosa con los animales y no permita semejante y sanguinoliente espectáculo en sus plazas.
Hoy Catalunya da un paso adelante, y hoy me siento más feliz pues quienes nos representan, han sabido recoger y llevar a la practicidad la sensibilidad de la mayoría.
Se dice que esta prenda se introdujo en Afganistán a principios del siglo XX, durante el mandato de Habibulla (1901-1919), quien impuso su uso a las más de 200 mujeres de su harén, para evitar que la belleza del rostro de estas tentara a otros hombres.
Los velos eran de seda con finos bordados y las princesas de Habibulla tuvieron incluso burkas bordadas con hilos de oro.
Así el "burka" se convirtió en una vestimenta lujosa utilizada por la mujer de clase alta, quien de este modo era "aislada" del pueblo llano, evitando así su mirada.
El “BURKA completo” se hizo obligatorio en Afganistán cuando los talibanes llegaron al poder después de la salida de los soviéticos, imponiendo de esta forma una prenda capaz de garantizar el control sobre el cuerpo de la mujer, ya que cubre los ojos con un ‘velo tupido’ que impide que quién la usa pueda ver normalmente, puesto que el ‘enmallado’ limita la visión lateral haciendo perder la ubicación espacial, volviendo a la usuaria dependiente de otra persona para poder desplazarse con eficacia, especialmente en espacios abiertos.
Uno de los objetivos del ‘velo tupido’ es evitar que el rostro y los ojos sean visibles.
El Burka ejerce fuerte presión sobre la cabeza (pesa unos 7 kg), aumentando la fatiga al caminar. La extensión promedio de la prenda es hasta la altura de los pies, no solamente para cubrir todo el cuerpo, sino para garantizar mayor dificultad en el desplazamiento, impidiendo especialmente que se pueda correr con ella.
El BURKA actual no es un vestido, es una CÁRCEL de TELA que somete a las mujeres a la dificultad de no ver con claridad nada que no se encuentre a un metro de distancia frente a sus ojos. Produce una visión de "anteojeras", que hace perder la vista de los ángulos laterales estrechando el campo visual que aparece, detrás de las celdas del tejido que se abre a la altura de los ojos, "enrejando" todo lo percibido. Las miradas de estas mujeres están presas, como sus cuerpos.
A menudo, la poca visibilidad que permite la pequeña abertura provoca, al cruzar las calles, serios accidentes que llevan a estas mujeres a la muerte.
Cuando las fuerzas talibanes conquistaron Kabul, el 27 de septiembre de 1996, desterraron a la mujer afgana de la vida civil, expulsándola de la enseñanza y confinándola al hogar. Con toda razón, el burka obligatorio, pasó a ser uno de los más indiscutibles símbolos de la represión ejercida por el nuevo régimen.
La incipiente sociedad civil de las ciudades como Kabul, en la que la mujer comenzaba a disfrutar de un papel social relevante, quedó borrada de un plumazo por los talibanes. Entre las decenas de miles de empleadas públicas enviadas a sus casas había 7.790 maestras. Se cerraron, entonces, sesenta y tres escuelas de Kabul. El salto atrás fue colosal, del siglo XIX a la Edad Media.
El 65% del profesorado, el 40% de los escolares y casi la mitad de los 7.000 estudiantes de la Universidad de Kabul eran mujeres. Ninguna se atrevió a desafiar al mulá Mohamed Omar, el líder talibán. El golpe humano y cultural resultó brutal.
¿Será posible esperar que también los varones salgan de su letargo y participen activamente contra la violencia de género, colaborando en campañas, manifestaciones, foros desde las escuelas y universidades, así como en diversos actos en compañía de las mujeres?
¿Será posible que cooperen como un igual frente a las agresiones de los derechos individuales y luchen por la justa equidad de género?
Pues se ve que no estoy tan alejada de la lógica, pues hoy leo en El País que Manuel Cancio Meliá, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid, opina que SÍ hubo alevosía.
Soy consciente que hacer juicios de valor aquí sentada, en mi casa, sin conocer exactamente las causas, ni a los protagonistas, ni las circunstancias que han llevado a esas personas a protagonizar un suceso tan dramático como éste es fácil, pero os juro, que a veces una parece que vive en el mundo al revés.
El caso es el siguiente: una mujer se divorcia de su pareja tras años de recibir malos tratos, el juez decreta una orden de alejamiento para él, y éste, haciendo caso omiso irrumpe en el domicilio de la mujer a las 4 de la madrugada, entra en el dormitorio de la misma y la golpea y retuerce el cuello hasta creer que está muerta. Los hijos de ambos presencian la brutalidad ante la impasible mirada del padre.
Conclusión: la mujer afortunada y milagrosamente no fallece pero queda en estado de tetraplegia.
Fallo: el (iluminado) magistrado Luciano Varela del Tribunal Supremo reduce la pena impuesta de 21 años y 10 meses en 5 años, pues según el juez, no existe alevosía.
Es alucinante, ¿no? Parece ser que entrar a las 4 de la madrugada en casa de tu exesposa de la que tienes una orden de alejamiento impuesta, con un cuchillo en la mano, habiéndola amenazado de muerte con anterioridad en muchas ocasiones, golpearla y retorcerle el cuello delante de tus hijos mientras ellos te ruegan que pares y tú diciendo que se lo merecía, no es ALEVOSÍA.
No doy crédito, la verdad. A la mierda la justicia, los jueces machistas y los hombres asesinos.
He leído una noticia que me ha sorprendido muchísimo. Resulta que el Ministerio de Igualdad habilitará un número de teléfono, como el 016 para mujeres maltratadas, para que los hombres maltratadores puedan llamar en momentos de crisis y descargar allí su rabia, intentando así evitar la futura agresión.
A pesar de que no he meditado mucho la noticia, ya que aun está por acabar de definir, lo primero que me ha venido a la cabeza es ¿a quién van a poner al otro lado de la línea para "aguantar" las agresiones verbales, insultos y demás pestes que un maltratador en su peor momento puede echar por esa boquita? Vale que puede que así eviten alguna agresión y eso ya está bien, pero... ¿han pensado en buscar un buen psicólogo para que atienda a los/las telefonistas?
Maltratado por maltratado... no sé si vale la pena.