Anoche llegué a mi cruda realidad. Han sido 10 días de playas paradisíacas, de tranquilidad absoluta, de descanso, de unión, de amor.
Estas han sido unas vacaciones de esas que hacen falta de vez en cuando, de las que piensas que no llegan nunca, y que cuando llegan, deseas que no terminen.
He visitado todas y cada una de las calas que nos recomendaron y algunas de las que no, todos los faros de la isla, todas las ciudades y los pueblecitos, las ruinas, las construcciones que se conservan en perfecto estado, las fortificaciones, las torres, los puertos deportivos y los pesqueros, las plazas, las calles. Ha sido una perfecta combinación de turismo y relax.
Decía en mi última entrada que casi me daba igual la temperatura que hiciera. Bien, pues por no sé qué combinación de los astros casi todos los días ha hecho una temperatura de escándalo. Días soleados, con 24ºC de media y con una brisa nocturna que te permitía dormir acurrucadito debajo de la colcha.
Mis recomendaciones:
- La Cala Des Talaier, paradísiaca, pequeña, hay que andar un buen trozo para llegar, con muy poquita gente, algún nudista, paz.
- El arroz caldoso con bogavante, indescriptible, muy recomendable, aunque muy caro.
- Cova Des Xoroi, un lugar donde dejarse llevar por las emociones, el atardecer, la música de fondo, un ambiente tranquilo, una buena compañía, el olor del mar.
- La Fortaleza de Isabel II en la Mola del Puerto de Maó, impresionante fortificación del siglo XIX, magestuosa, capaz de transportarte a la época de ataques y guerras entre grandes potencias.
En definitiva ha sido unos días de reencuentro, de recordar lo mucho que nos queremos, de demostrarlo.
Cualquiera que me conozca sabe que siempre fue mi sueño acabar mis días en esa isla, así que después de visitarla, he decidido pasar mi jubilación en Menorca.
Cualquiera que me conozca sabe que siempre fue mi sueño acabar mis días en esa isla, así que después de visitarla, he decidido pasar mi jubilación en Menorca.
